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Palomas



Las palomas son aves pertenecientes a la familia Columbidae del orden columbiformes, conformado por 289 especies distribuidas por todo el mundo.
La especie universalmente más abundante es la Columba livia, llamada paloma doméstica o paloma casera silvestre. Es esta especie la que vemos diariamente en calles, edificios y paseos en todas las ciudades y pueblos.
Muchas personas las consideran interesantes y hasta atractivas ya que, sin ser animales autóctonos, ponen un toque de naturaleza y simpatía a las ciudades. Constituyen un factor de entretenimiento para los niños y también para muchos adultos, pero cuando su número aumenta, invariablemente pasan a ser consideradas como plagas en conflicto con las actividades humanas y con importantes riesgos para la salud del hombre.
Los daños físicos directos están mayormente asociados a los productos de su actividad biológica, fundamentalmente sus excrementos. Su digestión rápida, la carencia de vejiga y su permanente disposición al vuelo determinan una frecuente eliminación de heces, lo que realizan en cualquier momento y lugar, incluso durante el vuelo.
Los excrementos de las palomas ensucian, estropean y aceleran el deterioro de estatuas, edificios, vehículos, monumentos, equipamientos, mesas y sillas en patios y jardines, bares y restaurantes en clubes y veredas. Ensucian los lugares por donde caminas las personas, donde trabajan y/o pasean, y frecuentemente a las personas mismas. Como estado natural de su actividad biológica se acumulan estiércol, nidos, plumas, restos de huevos y de animales muertos causando los siguientes daños:

Bloqueo de canaletas y caños de desagüe, favoreciendo la acumulación de agua de lluvia y provocando deterioro en las estructuras, como por ejemplo inundando viviendas, oficinas, etc.
Obstaculizan las entradas de aire y el buen funcionamiento de los equipos de aire acondicionado. Sus sitios de asentamiento suelen ser ventanas, luminarias, carteles publicitarios, marquesinas, capiteles de columnas, ornamentaciones, cornisas, balcones, muros, tanques de agua y otras estructuras, desde las cuales dejan caer sus excrementos ensuciando todo a su paso.
Ensucian y contaminan gran cantidad de alimentos cuando se establecen en plantas de almacenamiento y clasificación de granos, en molinos harineros, en plantas procesadoras de frutas y hortalizas, en depósitos de supermercados o de transportes, forrajerías, granos y semillas en galpones de campo, etc.
Contaminan agua potable cuando beben en bebederos públicos de paseos y plazas, o en tanques de agua en techos y terrazas cuando las tapas están rotas o ausentes, y cabe recordar que más de una vez se hallaron palomas muertas dentro de tanques de agua.

Todas estas situaciones significan consecuencias económicas importantes, que a su vez se traducen como incrementos en gastos de limpieza y mantenimiento que suele llegar a valores muy considerables dependiendo de cada situación en particular.

Es muy largo el listado de patógenos y ectoparásitos que pueden provocar enfermedades al hombre o a otros animales. Los serios y constantes problemas que significan para la salud pública y animal no han sido igualados por ninguna otra especie de ave.
Se conoce que son portadoras o transmisoras de ornitosis (psitacosis), encefalitis, enfermedad de Newcastle, histoplasmosis, criptococcosis, toxoplasmosis, pseudotuberculosis, coccidiosis aviar y envenenamiento de alimentos por salmonella spp. Por otra parte son portadoras de numerosos ectoparásitos entre los que se incluyen chiches, pulgas, garrapatas, tábanos y ácaros (piojillo de palomas).





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